Salud

Displasia de cadera en perros: señales y manejo

Displasia de cadera en perros: la genética la enciende, pero el crecimiento rápido y el sobrepeso deciden qué tan grave será. Señales por edad y manejo.

Por Equipo Experto en Mascotas Actualizado el 26 de agosto de 2026 6 min de lectura
Displasia de cadera en perros: señales y manejo

La cabeza del fémur entra en una cavidad de la cadera. En la displasia ese encaje no ajusta bien: la articulación queda floja, el roce anómalo va desgastando el cartílago año tras año y al final hay artrosis. Empieza en el cachorro y suele dar la cara mucho después.

Lo que más se malinterpreta: la genética es el principal factor de riesgo, pero no manda sola. Cómo crece ese cachorro (cuánto come, cuánto pesa, cuánto salta, qué suplementos recibe) cambia de forma importante el resultado final.

Razas y perros con más riesgo

Es una enfermedad de razas grandes y gigantes sobre todo. Las que más la tienen:

También aparece en mestizos de talla grande y, con menos frecuencia, en razas medianas y pequeñas.

Las señales, según la edad

Se manifiesta en dos etapas. Muchos dueños solo conocen la segunda.

En el perro joven (5 a 12 meses)

Aquí duele la laxitud de la articulación:

  • Salto de conejo: corre o sube escaleras moviendo las dos patas traseras a la vez.
  • Se balancea al caminar, con la cadera oscilando de lado a lado.
  • Le cuesta levantarse después de dormir, aunque luego “se le pase”.
  • Se cansa antes que sus hermanos de camada o que otros perros de su edad.
  • No quiere saltar al coche ni subir al sillón.
  • A veces se escucha un chasquido al caminar.

En el perro adulto o mayor

Aquí ya duele la artrosis acumulada:

  • Cojera de una o ambas patas traseras, peor después del reposo o con el frío.
  • Rechazo al ejercicio, o paseos que se acortan solos.
  • Pérdida de músculo en los cuartos traseros, mientras el tren delantero se ve más desarrollado: el perro desplaza el peso hacia adelante.
  • Dolor al tocar la cadera o al estirarle la pata.
  • Cambios de carácter: irritabilidad, no querer que lo carguen.

Un detalle despista mucho. La gravedad de la radiografía no siempre coincide con lo que el perro aparenta. Hay perros con caderas muy dañadas que apenas cojean, y perros con alteraciones leves que cojean bastante.

Cómo se diagnostica

Se hace con exploración física más radiografías, y hay varios caminos:

MétodoCuándoQué aporta
Maniobra de OrtolaniDesde las 10–16 semanas, con sedaciónDetecta laxitud a la palpación
PennHIPA edad tempranaMide cuantitativamente la laxitud; predice el riesgo futuro
Radiografía OFAA partir de 24 meses (preliminar de 4 a 23 meses)Gradúa la cadera; es el estándar para reproducción

Si vas a comprar un cachorro de raza grande, esta es la conversación que hay que tener con el criador: pide la certificación de caderas de los padres. No garantiza nada al cien por cien, pero es la única forma de reducir el riesgo antes de que exista el problema.

Manejo: lo que cambia el pronóstico

El peso, lo primero

Controlar el peso es la medida más eficaz del manejo conservador. Cada kilo de más es carga directa sobre una articulación que ya funciona mal, y en perros con displasia bajar de peso produce mejoras que ningún suplemento iguala. Empieza por obesidad en perros.

Ejercicio controlado

El músculo sostiene la articulación, así que el reposo absoluto no es la idea. Tampoco correr detrás de la pelota. Esto sí:

  • Paseos con correa, regulares y de duración moderada; mejor varios cortos que uno largo.
  • Natación: ejercicio sin carga sobre la articulación, ideal para mantener músculo.
  • Evitar saltos, frenadas bruscas, juegos de arrancar y parar, y escaleras repetidas.
  • Mantenerlo abrigado en épocas frías, porque el frío empeora la rigidez.

Fisioterapia y analgesia

La fisioterapia veterinaria mejora la movilidad y la masa muscular. Para el dolor existen antiinflamatorios de uso veterinario que requieren seguimiento; los indica y controla el veterinario, nunca el botiquín de casa.

Cirugía

Cuando el manejo conservador no alcanza, hay opciones según la edad y el tamaño: la sínfisis púbica juvenil (JPS) en cachorros muy pequeños, de 10 a 18 semanas; las osteotomías pélvicas (DPO/TPO) en perros inmaduros; la prótesis total de cadera a partir del año, que devuelve una función normal y sin dolor; y la resección de la cabeza femoral (FHO), que se puede plantear en perros de menor peso.

Prevenir en el cachorro: los primeros doce meses

Si tienes un cachorro de raza grande, esto está en tus manos:

  1. No lo sobrealimentes. Un cachorro de raza grande no debe crecer lo más rápido posible; debe crecer despacio y delgado. El exceso de comida durante el crecimiento agrava la displasia.
  2. Usa alimento formulado para cachorro de raza grande, con las cantidades medidas y no al ojo.
  3. No le des suplementos de calcio ni de vitamina D. Es un error frecuente y bienintencionado que empeora el desarrollo articular; si el alimento es completo y equilibrado, no hacen falta.
  4. Cuida el ejercicio: nada de correr en pisos resbalosos, saltos repetidos ni acompañarte a correr largas distancias mientras crece. Revisa cuánto ejercicio necesita un perro.
  5. Pésalo y anota el peso cada mes. Es la forma más simple de notar que va creciendo demasiado rápido.

Cuándo ir al veterinario

  • Esta semana, si un cachorro de raza grande salta como conejo, se balancea o se cansa antes de tiempo.
  • También esta semana, si un perro adulto tarda en levantarse, ya no sube al coche o perdió músculo en las patas traseras.
  • Hoy mismo, si la cojera apareció de golpe o el perro no apoya nada la pata. Eso ya no es solo displasia: revisa mi perro cojea.
  • Si es un perro mayor con displasia conocida, revisiones cada seis meses: cuidados del perro senior.

Vivir con un perro con displasia

Revisión: contenido revisado por el equipo editorial de Experto en Mascotas. Esta información es educativa y no sustituye la consulta veterinaria.

Preguntas frecuentes

¿La displasia de cadera se hereda?

Sí, la genética es el principal factor de riesgo, pero no lo decide todo. Dos cachorros con la misma carga genética pueden terminar muy distintos según cómo crecieron: la velocidad de crecimiento, el exceso de comida, el suplemento de calcio y el peso adulto modifican mucho la gravedad. Por eso importan tanto el criadero como los primeros doce meses de vida.

¿A qué edad se detecta?

Depende del método. La maniobra de Ortolani puede hacerse bajo sedación desde las 10 a 16 semanas, y el método PennHIP mide la laxitud de forma cuantitativa a edad temprana y predice bastante bien si el perro desarrollará displasia. La radiografía OFA, que es la certificación clásica, se hace a partir de los 24 meses, con evaluaciones preliminares entre los 4 y los 23 meses.

¿Solo les da a los perros grandes?

Es mucho más frecuente en razas grandes y gigantes, pero también ocurre en medianas y pequeñas. Cambia la visibilidad: en un perro de 40 kilos la cojera salta a la vista, y en uno de 8 kilos puede pasar años disimulada como 'es flojito' o 'ya no quiere subir al sillón'.

¿Se puede curar sin cirugía?

Curar no, pero manejar bien, en muchos casos sí. El pilar del manejo conservador es el control estricto del peso, y es también lo más eficaz que hay. Se combina con ejercicio controlado (paseos con correa, natación), fisioterapia y analgesia indicada por el veterinario. La cirugía se reserva para los casos que no responden o para perros jóvenes con opciones preventivas.

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